Libro 3º: SINFONIA EN CLAVE DE AMOR

Sinfonía en clave de amor de Ramón Alarcón Crespo
Portada, contraportada, prólogo e ilustraciones y fotos que figuran en el libro.

Portada del libro:


Texto y foto del autor en la contraportada:

ISBN: 84-404-0405-0
Depósito Legal: A-762 – 1987
Edición: rústica
N° páginas: 112 pp.
Fecha publicación: 10-01-1987

Con ilustraciones de :

Sergio Llorens
Mª Dolores Mulá
Mª Asunción Mas
Antonio Martínez Campos

Prólogo de: LUIS GAGO FERNÁNDEZ, Profesor de Lengua y Literatura Española

PRÓLOGO

LUIS GAGO FERNÁNDEZ

A Ramón Alarcón Crespo le brotan los poemas por las puntas de los dedos como a los tallos de un rosal le explotan los capullos, recatados en la noche, al despuntar la aurora, con sus besos de luz o lágrimas de rocío.

A Ramón Alarcón Crespo se le escapan, en vuelo de azucenas, las alondras de sus versos cada mañana para sembrar el aire de melodiosas armonías y arrancar girones de luz azulosa al alba madrugadora y esplendente, como en las llanuras inmensas manchegas.

Es Alarcón, poeta de amplios vuelos, porque no hay quien ponga límites ni horizontes a la palabra “yo puedo subir más alto
por la escalera de los sueños”
se remonta a los espacios infinitos donde encuentra la belleza sublimada, aunque haya libado antes el néctar de las cosas bellas que crecen por doquier y perfuman con sus aromas las estancias de este mundo.

Si poeta es quien siente la belleza y sabe expresarla bellamente, Ramón Alarcón posee estas dos cualidades juntas en alto grado. Y así lo reconocen cuantos juzgan sus poemas; porque Ramón Alarcón es poeta galardonado y distinguido en numerosos concursos poéticos y triunfador en muchas justas literarias.

No es Ramón un simple versificador aleluyático o un ripioso rimador de versos. Sus poemas tienen un aroma especial muy ajeno a cualquier mostrenca aleluya de circulación popular. Pero tampoco le va el verso libre, carente de ritmo externo y tantas veces también del interno, imprescindible para que no se convierta en una pura y simple línea de prosa ramplona.

Ramón es clásico en las formas: le va, sobre manera, el soneto y el romance. Domina la rima aconsonantada, pero le brota más espontánea el asonante. El soneto requiere gran riqueza de léxico para no caer en el ripio, en el afán de hallar la consonante, y un freno en el pensamiento para encerrarlo en un escaso número de versos sometidos a rígida estructura.

El poemario que acabo de leer con verdadera fruición es como una apacible audición de una gran sinfonía clásica. Esta SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR, compuesta por Ramón Alarcón, cuya lectura vas a emprender, te producirá, sin duda, también a ti, un gozo gratificante que, en definitiva, es lo que pretende el poeta que se atreve a comunicar sus sentimientos, sus emociones, sus vivencias, bajo formas poéticas; porque “forma es la poesía, como todo arte”, y “una indisoluble articulación del contenido semántico y de la expresión lingüística” (Alarcón).

. . . . . .

El poemario que pone hoy Ramón Alarcón en manos del lector, se halla dividido en tres partes bastante homogéneas. No se diferencian tanto por su temática como por su forma. Los campos semánticos en los que podemos agrupar las palabras no son ni muy numerosos ni muy extensos: amor, paz, libertad, muerte, vida, tiempo, soledad, silencio… con sus constelaciones respectivas y sugerencias implícitas.

Llama la atención en todo el poemario el hábil manejo de los más variados recursos expresivos y el dominio de la técnica del verso y de la estrofa: metáforas, más o menos tópicas u originales, paralelismos, imágenes y símbolos, anáforas y retruécanos o estructuras quiasmáticas cargadas de énfasis, antítesis, gradaciones, sinestesias…

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Es muy fácil ver influencias en los poetas, aunque éstas, muchas veces, sean inconscientes. No es difícil, leyendo a Ramón Alarcón, detectar algunas muy destacadas. Miguel Hernández no es sólo un agua oculta que riega la grama de sus versos; aparece, con frecuencia, en expresiones y giros muy típicos: el “te me vas…” repetido anafóricamente, nos recuerda el “Te me mueres de casta y de sencilla”, con ese pronombre personal en función en fática de dativo interés, que desaparece en la última estructura, “Te vas de mi propia vida”, porque se ha perdido ya el interés por retenerla connotando un cierto desdén. García Lorca, aletea en expresiones epifóricas, como “saltando a la comba comba”, o “porque en cuestiones de amor / todo es soñar y soñar”. A.Machado, el caminante abriendo caminos, el viajero en “Desnudo por la vida”. También podemos observar ritmos becquerianos: “y la tierra y el cielo temblaron”, o en “cantarán las alondras en el valle”… “Volverán a latir los corazones”. Ni faltan las resonancias gabrielygalanas en aquellos poemas en que canta a su tierra manchega. Uno y otro poeta exaltan las bellezas austeras y serenas de los campos castellanos, y las virtudes humanas y cristianas de sus gentes. Castilla es la tierra “de las pardas onduladas cuestas / la de los mares de enceradas mieses / la de las grises lontananzas muertas” (G. y G), La Mancha, la de las “inmensas lejanías pardas”, la “apoteosis de la llanura”, donde “el cielo es más azul y está más cerca”, y por eso “se vive más en Dios”. En sus gentes no existe la “vaguedad, la doblez, ni las almas con ribetes negros”. Allí “se vive la verdad a secas”. El poeta castellano manchego se extasía, como el castellano extremeño, frente “al perfil de los silencios”, “la armonía de paz interior”, y “el equilibrio del amor”.

Me llevaría muy lejos extenderme en el análisis de todos y cada uno de sus bellísimos poemas. En todos ellos encontramos valiosísimas perlas engarzadas por el hilo áureo de sus armónicos versos solemnes y sonoros endecasílabos, populares y melodiosos octosílabos, formando desde el primero hasta el último una guirnalda de verde frescor y llamativa policromía.

Desde el primero, cabe destacar el ansia de libertad, sobre todo interior, que es más difícil de anular, la del “alado pensamiento”, la de la palabra. Puedo ser libre aún pues “me queda la palabra”, decía Blas de Otero. “No me cercenes la palabra / ni enmudezcas la lira de mi verbo / porque aunque no me muera / me sentiré ya muerto”.

A veces quiere contener la rabia e indignación, pero no puede por menos de manifestar sus ansias redentoras u mesiánicas de la libertad perdida, tanto individual como social: “se alzará por encima de las leyes / como una aurora verde la esperanza / para decirles al pueblo adormecido: ¡Levántate y anda!”.

No faltan en esta primera parte del poemario poemas con hondo sentido religioso: “Cuando quise comer me dio su Cuerpo”, o en el que proclama su origen celestial, porque es el hombre algo más que un simple animalejo: “No me busquéis al filo de la grana / paralelo al gusano y a la hiedra… no confundas mi origen con la niebla… búscame por encima de las águilas”.

Ni los poemas románticos llenos de lirismo y entusiasmo juven il: “No me importa que tus labios”, ni aquellos ojos dos misterios / llenos de luz y color”. Frente a estos desahogos líricos, nos encontramos encerrado en ocho versos planos de rotundidad, este bello pensamiento: “Dijo Paz y se encendió la gloria / dijo Amor y se apagó el infierno…”.

. . . . . .

Creo que en la segunda parte del poemario se hallan los mejores versos del libro. No en vano Ramón, como hemos dicho, es, ante todo, un hábil sonetista. Y esta parte está compuesta exclusivamente de sonetos. Sobre ellos planea la luz violácea de Miguel Hernández y la sombra difusa de Quevedo.

La primera diferencia que se advierte a simple vista en estos poemas, así como en los de la tercera parte, es que aparecen encabezados por un título más o menos afortunado o feliz. En ellos se tocan todos los temas ya apuntados y se expresan las actitudes del poeta frente a los más variados asuntos. Desde la catástrofe de “Hiroshima”, “pero no acabó el mundo en Hiroshima” porque la Naturaleza se renueva como el Ave Fénix, hasta el dedicado a la historia que “es la mentira de los muertos”. Desde el escrito con fervoroso entusiasmo, como recuerdo al poeta oriolano –“Requiem”- o al soldado-poeta ilicitano –“Las armas y las letras”-; hasta el que tiene por tema la sonrisa de la “Gioconda” –“serenísima estampa de clarisa”- o el soneto de corte romántico de joven enamorado –“Celos de la luna”-, o de estructura, ritmo y rima perfectos; o aquel otro de resonancias paulinas “Por el amor a la luz”, “Porque después de todo, de esta grácil /pirueta obligada de la vida / sólo queda el amor. Así de fácil”.

Se cierra esta segunda parte con un soneto maravilloso – “Llegó la primavera”- exultante de gozo y alegría primaveral en explosión jubilosa de euforia juvenil. La anafórica estructura sintáctica; hoy –verbo- suena a repique de campanas en día de fiesta: “hoy me huele… hoy me suena… hoy levanto… hoy escancio… hoy escribo… hoy me siento…”. El gozo incontenible se produce porque “ayer despertó la primavera 7 y una rosa de amor brotó en mi pecho”. Esta nota de optimismo exultante es el mejor broche de oro para cerrar el paso de cualquier sombra de desencanto que haya aparecido en los poemas anteriores. Ramón, que con frecuencia desconfía de la sociedad y se desploma ante las incoherencias e injusticias de los hombres y se siente tristemente decepcionado frente a sus conductas irracionales, nunca aparece pesimista ni escéptico en relación con la Naturaleza en la que se ve inmerso y plenamente gozoso, satisfecho y en perfecta comunión.

. . . . . .

La tercera parte del poemario se inicia con el titulado “Desnudo por la vida”, premio Festa d’Elx. Al igual que en todos los que siguen el poeta se retrata como “caminante sin regreso”, “sin equipaje”, “desnudo por la vida”, como Machado, “ligero de equipaje”, “casi desnudo”; pero, eso sí, cargado de ilusiones y abrigado de esperanzas, aunque advierta a lo lejos la incertidumbre y le domine un “delirio de dudas”. “Cada paso en mi camino / era una duda en el aire”. Otras veces se mostrará pesimista y escéptico y en rápido asíndeton, a lo donjuán, escribirá: “escalé cumbres de gula, / bajé laderas de hambre, / crucé pantanos de envidia / entre agresivos zarzales”. Pero es la soledad en medio de la gente, la de dos en compañía, la que más le agobia: “¡Qué triste es la soledad / cuando se vive en colmena!”. No obstante, la soledad y el silencio, a veces son, dulces, necesarios y fecundos: “Yo vivo mis soledades… con la placidez alada / de un estoico anacoreta”.

Ramón es manchego de nacencia, pero ilicitano, levantino, por residencia y afecto. Por eso canta también con hondo entusiasmo a esta tierra y a estas gentes y con igual fervor. “El huertano”, está dedicado a”a los hombres de la huerta levantina”. Es un romance en el que destaca el acento ondulante entre lo encomiástico y gozoso u lo triste y lastimero. “Hizo del trabajo un dogma / y de la honradez su lema”, pero, “no tuvo juegos de alfombras / ni cuna con piel de seda”.

No podía faltar en un poeta tan sensible a las injusticias y discriminaciones sociales el poema que reflejara este aspecto de su espíritu. Así en “Cogida y muerte en la mina”. Ahora oímos en algún momento al mismo Lorca: “ A las cinco de la tarde / se escribía la tragedia”. El contraste paralelístico, paradójico, se da en tanto el tema -muerte de un torero, muerte de un minero-, como en la expresión reiterativa de estructuras sintácticas, “Y no había enfermería / ni más mala ni más buena 7 ni una capilla con Virgen / ni una ambulancia a la puerta 7 ni un lugar para el recuerdo / en las hojas de la prensa”. Como un grito desesperado de impotencia frente a la injusticia, exclama en un sarcástico epifonema: “¿Qué importa un número menos / cuando hay tantos sin faena!”, que nos recuerda el final desconcertante de Espronceda del Canto a Teresa: “¡Que haya un cadáver más, qué importa al mundo!”.

Ramón ha sido la víctima de la guerra del odio, y él quiere hacer sólo la “Guerra del amor”, pues sabe que “en estas guerras de amor / siempre vencen los poetas”. Ya en la primera parte nos había ofrecido este bello pensamiento, encerrado en cuatro versos: “Se habla de un mundo de clases / cuando solamente hay dos: / los que viven para el odio / y los que mueren de amor”.

La ternura se hace versos ante unos ojos glaucos, como el mar, y derrama sus sentimientos en otro poema, “Agua marina”. “Quisiera naufragar en tus pupilas”. Lo autobiográfico se pone de manifiesto en poemas como “Estampa de Archivo” o “Autorretrato”, “Otoñal”, “Sin fronteras” o “Crepuscular”, en los que, siguiendo el hilo de Ariadna de sus versos incontables, algunos ya marchitos, como las hojas de “un cuaderno olvidado / amarillo de horas”, lanza una mirada retrospectiva sobre su “larga biografía”. Confiesa que “tengo por norma y por ley / -aunque al hacerlo me duela- / no decir medias verdades / sino verdades enteras”. El otoño ya ha caído lentamente sobre la “estepa” de su existencia, y el “árbol de su vida” se desnuda del follaje que en su primavera lo revistió de esperanzado verdor y albergó a tantos alegres ruiseñores. Una leve nostalgia tiñe de serena melancolía el breve poema. La iteración anafórica de la perífrasis –“van cayendo… van pasando… van muriendo…” resulta un lúgubre tañido de campana que se acentúa con el contraste del símbolo disémico, la oscuridad se apaga, la luz se enciende, anunciando, quizá, la luz esperanzada de una nueva aurora que se vislumbra tras el cercano horizonte.

Se cierra, finalmente, el poemario con dos poemas ya aludidos –“Estampa manchega” y “Alma manchega”, en estrofas de sonoros endecasílabos, para concluir con estos versos que expresan su condición de caminante nostálgico de su patria chica: “para vivir me faltan continentes / para morir me basta con mi tierra”. Ramón exprime aquí, emocionado, el racimo de sus sentimientos más hondos y de sus vivencias y nostalgias telúricas, para ofrecernos en la copa de sus versos el más exquisito vino de su entusiasmado canto a la tierra y las gentes manchegas.

Ramón Alarcón Crespo deja así en calderón la última cedencia, la última nota de esta su SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR como un dulce eco que se pierde suave y melifluo en el viento.

Elche, 1987

Poemario: SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR: 68 poemas

PÉTALOS AL VIENTO
Anula en mis pupilas los colores
Y despertó la idea
Dejadme los perfumes del campo no violado
Esa lágrima errante que resbala
Busqué en el alfabeto de los astros
Una ofrenda de paz lancé al espacio
Tengo un huerto plantado de ilusiones
Me preguntas de dónde tomo el ámbar
Tomo mi risa de la risa verde
Grabé sobre la arena de tu playa
El viejo olivo de mi huerto ambiguo
Cuándo mi risa llegará a la reja
Cuando muera, si muero, porque nunca
Desde aquí
No me busques al filo de la grama
Caracol
Cantarán las alondras en el valle
Por ese manantial de blanca espuma
Estás tan cerca y tan lejana a un tiempo
Quién le quita el rumor a las olas
Cuando quise comer me dio su Cuerpo
Batallar por la paz cada día
Quiero sembrar de huellas el camino
No importa que tus labios se contraigan
Llevo dentro de mi pecho
Cuatro versos, no más, estoy buscando
Dijo Paz, y se encendió la gloria
Me está matando el deseo
TUS OJOS (Madrigal)
Tengo una pena sonora
Te me vas de entre las manos
Voy con la duda en los hombros
LLEGÓ LA PRIMAVERA
QUISIERA SER…
DESIRÉE
AMOR SUICIDA
CUANDO SE PONGA EL SOL
IMAGEN Y SEMEJANZA
EL ÚLTIMO SPRINT
DE PASO POR LA VIDA
GIOCONDA
CELOS DE LA LUNA
POR EL AMOR A LA LUZ
REQUIEM
EL ELEGIDO
LA TUMBA DEL PASADO
LAS ARMAS Y LAS LETRAS
HIROSHIMA
LA VÍBORA, LA FLOR, EL HOMBRE…
TIEMPO DE COSECHA
ALPINISTA DEL AMOR
AL DESNUDO POR LA VIDA
LA SIRENA SOÑADA
LA MUSA DEL HAMBRE
LA CANCIÓN DEL SOLITARIO
EL HUERTANO
VIAJE DE PUNTA A PUNTA
COGIDA Y MUERTE EN LA MINA
AGUA MARINA
GUERRA DE AMOR
ESTAMPA DE ARCHIVO
AUTORRETRATO
OTOÑAL
SIN FRONTERAS
LA LUNA VIOLADA
ESTAMPA MANCHEGA
ALMA MANCHEGA

Ilustraciones en el interior del libro:









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