Biografía

RAMÓN ALARCÓN CRESPO

Nació el 7 de Junio de 1.912 en Las Mesas (Cuenca).
A los 18 años ingresa en el ejército, como soldado voluntario (1-7-1.930).
Ingresó en prisión el 15-8-1.936, por sublevación militar y condenado a muerte, pena que le fue conmutada, siendo excarcelado el 19-6-1.941, habiendo permanecido casi cinco años en prisión.
El 25-3-43 se casa con Consuelo Miñano Rubio, de cuya unión nacerán cinco hijos: Román Antonio Lucinio, Luis Heriberto, Albano, Delia y Felicidad.
Luis Heriberto falleció a los 13 años de edad, allá por el año 1.958 y Albano a los 50 años, allá por el año 2.001.
Fueron años duros, de persecución y vuelta a las cárceles, por reunión ilícita, allá por los años 1.965, en la ciudad de Cartagena a la que había acudido en busca de un nuevo horizonte para sacar adelante a sus hijos. Pero la nueva encarcelación lo deja sin trabajo y acaban en Elche, buscando trabajo para subsistir.
Lugar en el que acaba sus días.
Con la llegada de la democracia, por fin puede volver a dedicarse a lo que siempre había querido, escribir y el 13 de Enero de 1.984, tiene lugar la presentación de su segundo libro “Cabalgando por el Viento”, en el Casino de Elche.
Esto fue posible después de colaborar en otros libros y de crear la Asociación “La Hermandad de los Poetas” de la cual fue tesorero.
Su primer libro en solitario fué: “ Aíres de Libertad y otros poemas” y “ Sinfonía en clave de amor” el tercer y último de sus libros, los cuales están agotados y junto a sus poemas inéditos sería otros de los logros que se persiguen, en su centenario.
Durante dos años consecutivos el Ayuntamiento de Socuéllamos, celebró un premio de poesía con el nombre de Ramón Alarcón Crespo, dada la vinculación a esta tierra, por parte del poeta.
El poeta fue muy feliz en esta época, recogiendo multitud de premios de poesía, allá donde se presentara y nos abandonó el 25 de Agosto de 1.991, no sin antes dejar escrito su epitafio:

Yago en este estercolero
Sin deber ni que me deban:
En paz con el mundo entero.
Ramón Alarcón Crespo,
Simplemente poeta.

Nació (aquí la fecha de mi muerte)
A los (aquí mi edad al morir)

TESTAMENO HOLÓGRAFO

Es mi deseo que todas las cláusulas de este testamento,
Fáciles de comprender y ejecutar, sean cumplimentadas al pie de la letra.
Quiero que mis restos mortales; lo poco que quede de ellos, sean llevados directamente al cementerio, desde el lugar del óbito, sin acompañamiento de “salvadores de almas” ni cantos gregorianos.
Que mi ataúd sea lo más humilde posible, (queden los otros para los muertos presumidos) sin ningún símbolo
Político o religioso. (¡que entiende la tierra de política o religiones!)
Nada de cirios patéticos; el olor de la cera me marea.
Nada de flores; soy alérgico al polen.
Nada de lutos; el negro me entristece.
Nada de misas ni oraciones; nunca hice uso de las recomendaciones para el logro de mis objetivos, ni para paliar el dolor de mis fracasos.
Nada de llantos histéricos; si de verdad sentís mi muerte, hacedlo desde dentro, desde la intimidad, veréis como también el dolor interior produce goces tonificantes.
Si alguien os habla bien de mi, ponedlo en duda, puede tratarse de un hipócrita; si alguien os habla mal, no lo tengáis en cuenta, puede que lleve razón.
Nada de esquelas mortuorias colocadas en la esquinas como anuncios publicitarios suplicando la asistencia a un acto protocolario; que los que asistan a mi último paseo lo hagan sin presiones de imprenta.
En cuanto a mis bienes terrenales, que más que bienes serán males, os ruego, hijos míos, que os los repartáis “cristianamente” como hermanos, o sea, a puñetazo limpio.
Poco más puedo deciros antes de mi silencio definitivo; por lo bueno que pude hacer no exijo recompensa, por lo que pude hacer malo, ya lo pagué con intereses durante mi larga estancia en ese minúsculo y contaminado habitáculo llamado “planeta azul”.
Es mi deseo, que, la que durante tanto tiempo fue mi esposa oficialmente, no sea enterrada en mi misma fosa; bastantes años la soporté.
RAMÓN ALARCÓN CRESPO

Entrevista de Miguel Ors Montenegro a Ramón Alarcón Crespo (Elche, 9 de mayo de 1986) En MEMORIA DIGITAL DE ELCHE

El 15 de junio de 1930 entré como voluntario en el Ejército en el Regimiento de Infantería 22 de Zaragoza. A los cuatro meses me hicieron cabo y en diciembre de 1930 intervine en la sublevación de Jaca. Nos dio una arenga el coronel Eliseo Álvarez Arenas para que defendiéramos a España y al Rey, pero nada más. A las cuatro de la mañana estábamos pegando tiros en Jaca. A dos kilómetros de Huesca cogieron a Galán y a García Hernández y nosotros seguimos hacia Huesca. Estuvimos un día allí y a continuación nos llevaron a Zaragoza. Hubo respuesta y actuó hasta la artillería contra el regimiento de infantería sublevado. El combate fue de media hora porque se entregaron. Yo tenía entonces 18 años.

Aprobé para sargento precisamente por las bajas de regimiento de Jaca. Me fui con los Regulares de Ceuta con Juan Yagüe como jefe. Se organizó el batallón de tiradores de Ifni. En 1934 con el general Capaz fuimos a tomar aquello. En Ifni me cogió el 18 de julio de 1936. Escribí en Vida Militar y por contestatario era considerado izquierdista. Me afilié al Partido Comunista en 1934. Entre los suboficiales sí había muchos militantes de izquierda. Comunistas y algún socialista. Masones también. Allí en Ifni pasé los mejores años de mi vida. África me cautivó. Allí todavía existía la esclavitud. Cada jefe de cabila tenía unos 20, tantos como camellos. Cuando llegamos nosotros se abolió, pero a los cuatro días tuvieron que volver voluntarios a ser esclavos, salvo los que se engancharon al batallón.

El 18 de julio de 1936 me cogió en Ifni. Nosotros lo supimos el día antes, el 17 por la radio, porque los de transmisiones nos informaron. Intentaron agruparnos y el 18 de julio al ir entrando al cuartel nos detuvieron, empezando por el gobernador de izquierdas. Le preguntaron si quería irse o incorporarse y se fue. Otro capitán de izquierdas, catalán, cogió el coche y en la frontera había cuatro moros y como no paró, se llevó por delante a dos y con la pistola se cargó a los otros dos.

Habilitaron una cárcel y estuvimos custodiados por moros. A los 20 días nos llevaron a Las Rábenas, al castillo de San Francisco del Risco. Nos juzgaron en tres días. El tribunal estaba formado por oficiales y jefes, viejos, que se dormían o alguno nos dibujaba. Los defensores eran oficiales y nos decían que dijésemos que estábamos conformes. Me caí sentado cuando oí “pena de muerte”. Me la conmutaron por 24 años, cinco meses y 10 días. Pasaron muy pocos días hasta que me lo comunicaron.

Estábamos en el castillo del Risco y al degradarnos pasamos a la prisión provincial de Las Palmas, como civiles. Debió ser entre septiembre y octubre de 1936. Allí, por la mañana se llenaba y por la noche vaciaban. Era una prisión para 30 ó 40 personas pero estábamos unos 500 presos. Por las noches llegaba “el carro de la carne”, camiones con lonas. Siempre quedábamos los juzgados y los que no nos conocían. Se llevaban sobre todo a los canarios. Estuve tres meses. Allí comíamos. Nos embarcaron en el España 5, un barco que nos dio Alemania de la I Guerra Mundial. Había una bodega partida por una lona, la mitad con negros para luchar y la otra mitad con presos. Sólo podíamos ir de pie. Nos dieron un cubo para las necesidades y para devolver. Arriba había falangistas que cuando se llenaba el cubo nos tiraban la porquería por una rendija. Fueron cuatro días de travesía, remolcándonos por cable desde el barco Canalejas. Al tercer día se rompió el cable y nos llevaron a la prisión de Cádiz, donde estuvimos una noche. Al día siguiente nos sacaron a la calle, atados con cuerdas. Éramos 80 ó 90 y la gente nos decía “¡mira los rojos!”. Llegamos al Puerto de Santa María y nos metieron en una habitación grande que recordaba la historia del conde de Montecristo. Nos dieron ropa de presidiarios y nos daba risa. Nos pelaron y dormimos en el suelo sin manta alguna.

Lo de Puerto de Santa María no es comparable ni con la Inquisición. Todo el día en el patio, piojos, chinches… El pan era del tamaño de un huevo. A los 15 días nos dieron una naranja diaria durante dos o tres meses. Luego fue una sardina diaria. Allí los viejos se morían. Estaban en el primer piso con el piojo verde y padecían avitaminosis. Engordaban y se los llevaban, primero con mucho cuidado y luego de cualquier manera. Recuerdo que los cadáveres se arrastraban por las escaleras. Perdimos la sensibilidad. Allí había 32 rusos del Komsomol, barco que vino con trigo para Málaga y la escuadra alemana lo desvió a Cádiz y de ahí al puerto de Santa María.

Comprábamos bocadillos a 30 céntimos y hacíamos tarjetas bordadas con hilo. Los rusos pasaron un año en la celda sin salir. Vino la Cruz Roja Internacional a inspeccionar y fue entonces cuando los sacaron y les dieron la ropa. A los viejos los ocultaron en un subterráneo y aquel día nos dieron judías pero las tripas del chorizo sólo las pusieron para que las vieran. Fue entonces cuando soltaron a los rusos. El capitán ruso nos dijo que volverían y miró al “Gatuno”, un oficial, y que no se olvidara. Se fue gritando viva el comunismo.

En una ocasión, estando en misa, pasó un avión y por decir yo que era uno de los nuestros, me dieron un estacazo y luego dijeron que me había mareado. Estuve dos años. Los presos comunes eran los jefes y había uno que le llamaban “El Brevas”. Era una prisión para 200 y estábamos unos 2.000. Había un grifo siempre con colas y dos wáteres que se llenaban.

De allí pasé a Astorga, a un cuartel. Allí terminó la guerra. Estábamos mejor porque el director era muy buena persona. Era monárquico. Empecé a escribir y recuerdo que había un periódico que se llamaba El pensamiento astorgano. Formamos un cuadro artístico, una rondalla y yo fui el redactor de Redención, el periódico de las cárceles. Comíamos alfalfa porque el director tenía una vaca.

Salí a finales de 1941. Me fui a mi pueblo con cuatro años de libertad condicional. Me casé, me detuvieron otra vez por unos pasquines y estuve en varias cárceles. A Cartagena llegué huyendo y me volvieron a detener en 1964, tres o cuatro meses y me juzgaron en Carabanchel. Vi a comunistas ilicitanos como Antonio Capello, Joaquín Grau, Antonio Cabrera y otros. Nos juzgó un abogado de turno porque así nos lo recomendaron. Nos llegaron a decir que si los abogados hubieran sido Tierno o Ruiz Giménez no nos hubieran sacado. Estuve siete u ocho meses en Carabanchel. En el juicio me salió un año de cárcel, pero con el llamado “beneficio de sala”, antes del año me pusieron en libertad. En Cartagena me cogieron con fotos de Grimau y las pude tirar al wáter sin que las vieran. Cuando legalizaron al Partido Comunista, me salí a los cuatro meses. También estuve cuatro meses en el PSOE, por un compromiso.

Una respuesta a Biografía

  1. RAIMON dijo:

    Me acuerdo en.la glorieta, dando vueltas.con
    el.poeta , y me acuerdo.de. su sensibilidad.social y de tener una posicion.de estar al.lado.de.los.desheredados
    Andando. Y girando con el por.la.glorieta y hablando.de.su.poesia.con su sensibilidad proletaria y artistica

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