CUANDO UN AMIGO SE VA

“CUANDO UN AMIGO SE VA”

Abrió mi herida de algodón y yodo
un bisturí de exequias y campanas,
se congeló el asombro entre mis cejas,
se cuartean las horas que me aguantan.

Hoy es día de luto y de cipreses
para mi corazón de mirto y nardo
hoy quiero que se acerque hasta tu orilla
la ola salinera de mis lágrimas.

Hoy me ha dolido el corazón un tanto,
hoy he sentido un dardo en la garganta,
encierro en ataúdes los suspiros
para sembrar la tierra palmo a palmo.

No hay pena más sonora que mi pena,
no hay dolor más doliente que mi pasmo,
no hay pecho con más duelo que mi pecho,
no hay soledad más sola que mis horas.

Siento tu muerte como muerte propia,
compañero en el todo y en la nada,
busco notas de luz para rezarte
y sólo encuentro sombra en la palabra.

Se apagó de tu voz la melodía
-caracola sin mar para templarla-
mudo quedó el teclado, clavicordio
donde arrancabas notas al silencio.

¡Cómo quedó grabada en mi memoria
aquella voz, pavesa de la vida!
¡cómo sentí el hachazo de tu eco
ya casi campanada sin acordes!

Me tendiste la mano, cera y hielo,
me buscaron tus ojos, ya sin lumbre,
adiós, amigo, adiviné en tus labios,
y se durmió la voz en el aliento.

Reposabas ya el pie sobre el estribo
del último autobús, y, resignado,
esperaste la orden de partida
con la oración signando el pasaporte.

Un verso revoló sobre tu frente,
un verso blanco, roto, inacabado,
agónico lamento de un poeta
que se pierde en los pliegues de la nada.

Te escapaste del viento y de las nubes
en vuelo de renuncias terrenales,
se te quedó pequeño en el costado
este mundo de sombras marginadas.

Quisiste ser perpetuo en el silencio,
sombra en la eternidad, polvo en el aire,
no había espacio para ti en la roca,
tu raíz no afincaba en los eriales.

Dios quiso convertirte en gaviota
para su mar de cedros y de acacias,
tú creías, amigo, en otra vida
y tu alma rompió su cárcel blanca.

Beberás en las fuentes más arcanas
el agua manantial de los arcángeles,
rotarás en los círculos sin nombre
donde toda verdad tiene su origen.

Con tu muerte tembló todo mi espacio,
varado quedó el grito en mi garganta,
quiero templar auroras y no puedo
acompasar el vuelo de las horas.

Adiós, amigo, compañero, hermano,
vive tu eternidad de seda y calma,
y si existe una luz para el recuerdo
escríbeme en la luz cada mañana.

Primer premio del II Certamen de Poesía Venida de la Virgen 1988.

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Una respuesta a CUANDO UN AMIGO SE VA

  1. Antonio Buitrago dijo:

    Desde las entrañas.

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