EPITAFIO DE UN DON NADIE

Pasé por la vida sin pena ni gloria,
humilde arroyuelo que llora en el mar,
mi nombre no tuvo lugar en la historia,
mi estrella, si tuve, no quiso alumbrar.

Igual que la ola que muere en la arena,
hoja que pendula del viento al vaivén,
sufrí resignado la humana condena
rozando la línea del mal o del bien.

Amigos no tuve, me faltó el dinero,
no tuve enemigos, me faltó el poder,
fundido en la masa recorrí el camino
de los que ni ganan ni pueden perder.

Ahora que la tierra descarna mis manos
me siento a la altura de un emperador,
al ver que me roen los mismos gusanos
que un día royeron al Cid Campeador.

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Esta entrada fue publicada en Del libro "AIRES DE LIBERTAD Y OTROS POEMAS" (1981), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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