EL MENDIGO

Con qué placer apura su bocado
el mendigo que anida bajo el puente;
con qué deleite profundiza el diente
en el duro mendrugo suplicado.

Hace de su vivir coto cerrado,
a las pompas del mundo indiferente,
con un rayo de sol que lo caliente
se siente satisfecho y bien pagado.

Sana filosofía del que ignora
hasta el propio dolor de su calvario
y a la quietud del alma se incorpora

en renuncia al capricho de la suerte;
y esquivando el rigor del calendario
se olvida de la vida y de la muerte.

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Esta entrada fue publicada en Del libro "AIRES DE LIBERTAD Y OTROS POEMAS" (1981), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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