EL AVARO

Contaba y recontaba su dinero
una, dos, veinte veces al día,
vaciando y llenando su alcancía
con la erótica fe del usurero.

Comía, por comer, de Enero a Enero,
lavaba sus harapos si llovía
y a la barra del bar sólo acudía
si un incauto aflojaba el monedero.

Era en su escatimar tan oportuno
que jamás dio un consejo ni un suspiro
ni prestó sin cobrar ciento por uno.

Y odiaba los dispendios de tal suerte
que a la hora del último respiro
no dio la vida, se tomó la muerte.

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Esta entrada fue publicada en Del libro "AIRES DE LIBERTAD Y OTROS POEMAS" (1981), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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