ALBORADA

Apenas parpadea la mañana
templa su lira la perdiz bravía,
las sombras se hacen luz de lejanía
trocando el sueño en realidad pagana.

Brilla de verde la feraz sabana,
tiembla de rojo la amapola fría,
y al ritmo laboral de la alquería
hormiguea la pródiga besana.

Resbala el sol en el cristal del río
y en la copa del álamo ascendente
llora la hoja el nocturnal rocío.

Anta tanto esplendor acumulado
¿puede el hombre sentirse indiferente
al Poder Eternal que lo ha creado?.

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Esta entrada fue publicada en Del libro "AIRES DE LIBERTAD Y OTROS POEMAS" (1981), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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