LA FUGA

Cuando el grito de ¡aler…ta! recorría
de rebote en rebote el amplio foso,
el penado partía silencioso
como una sombra de su celda fría.

Yo lo vi traspasar la celosía
solapado, sutil y cauteloso
semejante al fantasma vaporoso
a quien sorprende el sol del nuevo día.

Adiós, le dije, vuela, compañero,
tú que puedes hallar lo deseado
con el rayo incorpóreo de tu fuero.

Era mi pensamiento que, atrevido,
buscaba en el hogar abandonado
sabor de besos y calor de nido.

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Esta entrada fue publicada en Del libro "AIRES DE LIBERTAD Y OTROS POEMAS" (1981), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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