ESPAÑA MÁRTIR


Prisión Central de Astorga. Uno de Abril de l.939. Final de una locura.

Pueblo con alma gigante
que despreciando al verdugo
supiste romper el yugo
del capital infamante:
hoy tu caminar triunfante
detiene infecta mesnada
y una nube ensangrentada
empaña tu paz profunda,
sangre que dieron fecunda
tus hijos en lucha airada.

Si a través de mi ternura
miro tus yertos despojos,
lágrimas vierten mis ojos
de dolor y de amargura.

Traidores con mano impura
rasgaron tu virgen manto;
deshecho queda el encanto
que fue tu visión sonora
y son tu música ahora
gemidos, aves y llanto.

Ya no se ven apilados
sobre tus campos feraces
montones de rubios haces
por rudas manos cortadas;
quietos yacen los arados
sobre la tierra olvidada,
porque una turba alocada
hizo, pregonando imperio,
de tu suelo un cementerio
y una prisión extremada.

Cementerio a donde fueron
los que tocó sucumbir,
cárcel en que sin vivir,
viven los que no cayeron,
que en la lucha que emprendieron
de libres ecos al son,
vencida fue la razón
y atropellado el derecho,
y el pueblo roto, deshecho,
por la fuerza y la traición.

Vil enjambre reaccionario
de doctrinas enfermizas,
surgiendo de sus cenizas
como el Fénix legendario,
han elevado un calvario
al pie de cada aposento.

Sin detenerse un momento
a medir su gesta airada,
han hecho más extremada
la historia del sufrimiento.

Y han rasgado en mil girones
los sueños de un pueblo fuerte,
y han esparcido la muerte
para saciar viles pasiones.

Ni Atilas ni Nerones
que de sus tumbas lejanas
dejando las sombras vanas
hacia la vida volvieron,
jamás contemplar pudieran
escenas tan inhumanas.

Ya en el hispano solar
en donde la flecha impera,
no hay una madre siquiera
que no tenga que llorar.

El luto surge al azar
pregonando los dolores,
y no hay albergue de flores,
aldea, camino o valle,
donde al pasar no se halle
la huella de los horrores.

¡Y aún hablan de un Dios humano
al compás de un falso rito!,
¡y aún cobijan su delito
con el manto del cristiano!

Puesta en el pecho la mano
con hipócrita humildad,
queriendo fingir piedad
su bajo instinto retratan,
que son víboras que matan
por placer, por saciedad.

Desde el oriente al ocaso,
a través de España entera,
arrastraron su bandera
por el polvo del fracaso,
y no han dejado a su paso,
monstruos de innoble sentir,
ni corazón sin herir
ni canas sin ultrajar,
ni una virgen sin violar
ni un pueblo sin destruir.

Así son los que triunfaron
cubriendo España de luto;
así pagan su tributo
al obrero que explotaron.

Más no por siempre lograron
el final apetecido,
que en tanto miran erguido
de su locura el pendón,
el grito de la razón
le dice al pueblo orimido:

No llores, pueblo, sin oar,
la causa de tu desvelo.
que aunque el tirano en tu suelo
sembró la muerte al pasar,
en tanto quede un lugar
cercano al rudo fragor,
donde vibre con fervor
sangre obrera en libre entraña,
no arraigará en nuestra España
la bandera del traidor.

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Esta entrada fue publicada en Del libro "AIRES DE LIBERTAD Y OTROS POEMAS" (1981), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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