LA MUERTE DEL RUISEÑOR

Elegía a la muerte del que fue poeta universal, Federico García Lorca. Poema escrito en Noviembre de 1.936, en un lugar muy cercano a los hechos.

Que se callen las campanas,
que se apaguen los luceros
que está el poeta dormido
y están de luto los versos.

Que despierten las guitarras
los duendes que llevan dentro
y recen por soleares
por un ruiseñor que ha muerto.

………..

Federico García Lorca,
ruiseñor de espuma y raso,
fabricante de armonías
y de conceptos rimados,
abre una grieta en la tierra
para escuchar mi fandango.

Hoy me siento cantaor
de motivos funerarios,
si me escuchas, Federico,
verás la muerte en mi canto.

De dolientes rosas negras
tengo el corazón sembrado,
llevo en el cuerpo y el alma
luto de versos amargos.

¿Quién te mató, Federico?,
¿qué bestia, reptil o sapo
clavó el dardo de su baba
en tus alas de milano?.

No me lo digas, lo sé,
aunque por prudencia callo,
que a punta de bayoneta
llevo el silencio clavado.

Callar y siempre callar,
Llorar sin que asome el llanto,
sorber licor de impotencia
con sabor de vino amargo.

Pero si hablaran las plazas
donde muere el toro bravo,
si los tendidos lanzaran
sus voces a calicanto
y las barreras dijeran
las cosas que presenciaron,
la de Granada diría
la verdad de tu calvario.

Y pregonaría a los cuatro
vientos del solar hispano
el sacrificio de un nuevo
Mesías crucificado.

Y en las tardes de corrida
cuando los pañuelos blancos
batieran alas al viento
como palomas de trapo
y los capotes bordaran
mariposas de entusiasmo,
en vez de palmas y olés
habría silencio y llanto,
y rumores de plegaria
con cadencia de rosario.

Aquella tarde ¿te acuerdas?,
jardinero ensangrentado
sembraste claveles rojos
sobre el albero dorado.

No hubo clamor de timbales
ni mantillas en los palcos,
sólo tú con tus verdugos
y el sol testigo en lo alto.

Aquellos lobos azules,
aquellos verdes lagartos
abrieron cien surtidores
sangrantes en tus costados.

Ebrios de rencor y muerte,
sucios de odio y espanto,
de la plaza granadina
hicieron circo romano.

Y tú impasible, sereno
como un dios petrificado,
olímpico en tu desdén,
altivo en el holocausto,
les escupías tu desprecio
con la sonrisa en los labios.

Roto tu cuerpo en la arena
como un muñeco de trapo,
sólo te vieron vencido
cuando tus fuerzas fallaron.

Jamás la historia del crimen
puso jalones tan altos.

Después, herido de muerte
fuiste vilmente arrastrado
como res apuntillada
y en cualquier lugar del campo
legalizaron el crimen
con el sello de un balazo.

Duerme, tranquilo, poeta,
tu concierto de gusanos
regando claveles póstumos
de romancero gitano,
que aunque mataron la carne
el genio no lo mataron.

Hoy el pueblo te recuerda
en sus risas y en sus llantos,
los juglares te coronan
con el laurel de sus cantos,
y en los camborios de bronce,
los auténticos gitanos,
te rezan por bulerías
y te lloran por fandangos.

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Esta entrada fue publicada en Del libro "AIRES DE LIBERTAD Y OTROS POEMAS" (1981), Elegias, Poemas y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a LA MUERTE DEL RUISEÑOR

  1. jvelez@comercialroig.com.do dijo:

    Hermoso poema. Es un canto a la vida, un canto al suspiro y al llanto…

  2. Antonio Fco dijo:

    Sin la menor duda, y con todo mi respeto al resto de poetas ilicitanos. D. Ramón es con distancia, la mejor representación de esta tierra en este genero tan olvidado. Simplemente, me encanta.
    Lo comparto en mi blog. denaturalezatocapelotas.blogspot.com

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