LA CANCIÓN DEL VAGABUNDO

Si amas la libertad, búscala dentro de ti mismo; no la busques en los códigos ni en las leyes porque solamente encontrarás libertad condicional.

Vuela, gavilán bravío,
ruje, mar, arrecia, viento,
compañeros de mi vida,
de mi muerte compañeros.

Por las sendas de la vida,
como caballo sin freno,
voy violando soledades
y deshojando silencios
con mi canción a la espalda
y la procesión por dentro.

Tomé posesión del mundo
y soy del mundo epicentro
sobre el que gira la rueda
de todos los paralelos.

Libre soy como las olas,
libre como el pensamiento,
libre como el sol que alumbra
en las entrañas del pueblo,
y en cualquier parte que estoy
soy rey, patrono y obrero.

No hay para mis pies fronteras
ni vallas en los senderos,
que el mundo no tiene puertas
para un corazón viajero.

Canto si cantar me place,
lloro si llorar prefiero,
giro en todos los sentidos
de la rosa de los vientos
sin que me obliguen horarios
ni me lo impidan decretos,
y no subo a las estrellas
por no quemarse en su fuego.

Contribuyente de lujo,
condiciono mis impuestos;
doy a Dios lo que es de Dios
y al César lo suyo niego,
que después de Dios la nada,
y yo flotando en el centro.

Ya pueden sonar sirenas
reclamando el brazo obrero;
ya pueden llamar campanas
a las prácticas del rezo
a buscar nombres dormidos
en las páginas del censo,
que yo camino por libre
como un audaz guerrillero
sobre un rosario de días
desgranados rezo a rezo.

Siga el mundo comprimido
en su concha de cemento
intercambiando los virus
desprendidos de su aliento;
sigan ls gentes soñando
tesoros que nunca vieron
y esperando confiados
el milagro de los cielos,
que yo colecciono estrellas
en el álbum de mis suelos
y albores de madrugadas
abiertas a todo evento.

Desde que el sol se despierta
coronando los oteros
hasta que la luna viene
a relevarlo en su celo,
todas las horas son mías
sin división en el tiempo.

Leyes ¿para qué me sirven?,
reloj ¿para qué lo quiero
si entre el principio y el fin
no existen apeaderos?.

¡Ay!, quién pudiera brillar
con voltaje de lucero;
si yo pudiera volar
a ritmo de pensamiento,
escalaría las nubes
en busca de mundos nuevos
donde la amistad se compre
con la moneda del beso;
donde no haya tuyo o mío,
sino solamente NUESTRO.

Mientras tanto voy rodando
contra mar y contra viento
con mi canción a la espalda
y la procesión por dentro.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "CABALGANDO POR EL VIENTO" (1983). En NEGRO, Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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