A TI, SEÑOR MARQUÉS


Te pintas de sangre azul
porque has nacido entre sedas,
presumes de tu plumaje
como el pavo de su rueda.

Rojo como la amapola
es el río de mis venas
porque bebí en los caudales
de las ubres de la tierra
y alumbro rayos de luna
desde la misma placenta.

Entre tu sangre y mi sangre
se levanta una barrera
que parte el mundo en dos mundos
que estando juntos se alejan.

Tu sangre, señor Marqués,
huele a lobreguez de cueva,
a polvo de cementerio
y a imperios en decadencia,
a sudor de bacanales
y a telarañas de imprenta.

La mía huele a mañanas
vestidas de primavera,
a esencia de pan caliente
hecho con trabajo y pena.

Tu sangre es tiempo que acaba,
la mís vida que empieza.

Puestas tu sangre y mi sangre
sobre la misma bandeja
que la sociedad compare
y Dios diga la que es buena.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "CABALGANDO POR EL VIENTO" (1983). En NEGRO, Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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