HÁGASE LA LUZ


Escurre el alma, cristiano,
y ponla a secar al viento
que se está contaminando
la charca que llevas dentro.

¿De qué te sirve llevar
la cruz colgada del cuello
y almacenar oraciones
en el sitio de tu pecho
si de tus labios no pasa
la letra del Padre Nuestro?.

Abre el grifo del amor
a todos los paralelos
y riega el polen de Cristo
en los corazones yermos,
que en la humana orografía,
sedienta de cauces frescos,
fuente que mana y no corre
se va estancando en el cieno.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "CABALGANDO POR EL VIENTO" (1983). En NEGRO, Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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