¡HIPÓCRITA!

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Al monstruo de las mil cabezas al que solemos llamar sociedad.

Me llamas amigo,
y me dejas aislado ante el peligro.
Me llamas compañero,
y descansas tu carga en mis espaldas
Me llamas hermano,
y a mi vista te ocultas cuando comes.
Te llamas humano,
y explotas al hermano que te sirve.
Te llamas persona,
y a la bestia superas en instinto.
Das mísera limosna,
y lo publicas a los cuatro vientos.
Te llamas cristiano,
y olvidas de tu Dios los mandamientos.
¡Hipócrita!, ¡hipócrita!, ¡hipócrita!.

Y el mundo sigue andando indiferente,
y siguen perfumando los romeros,
culebrean la sierra los senderos
y el sol sigue apuntando en el oriente.

Seguirás tu viviendo alegremente
bordeando torcidos derroteros

y en los más nauseabundos basureros
rebozarás tu alma impenitente.

Pero ¡hay!, al final de la jornada
la eterna segadora hará su agosto
y ya no habrá una nueva primavera.

Y el dedo acusador será inflexible
señalando el camino, negro, angosto,
que lleva a la región de lo imposible.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "CABALGANDO POR EL VIENTO" (1983). En NEGRO, Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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