EL PASOTA


Igual que un humanoide se movía,
lo mismo que una bestia razonaba,
aunque andaba en dos pies se adivinaba
que de cuatro pezuñas disponía.

Respiraba por pura cortesía,
y, al hacerlo, obligado, se cansaba,
pensaba en no pensar, luego pensaba,
vivía sin vivir, pero vivía.

Era una masa amorfa que se mueve
a impulsos de una fuerza extrasensoria
como la hoja por la brisa leve;

y era tal su apatía, tan innata,
que obviando su función respiratoria
cerró la boca y estiró la pata.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "CABALGANDO POR EL VIENTO" (1983). En NEGRO, Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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