MELODÍA ENCADENADA

Qué bien canta el jilguero, se decía
un niño que escuchaba embelesado
el sonoro arabesco perfumado
de una flor de plumada anatomía.

Qué ansia de vivir, cuánta alegría
-repetía el zagal entusiasmado-;
cómo paga el favor de mi cuidado
con su más escogida melodía.

¡Bendita sea la inocencia pura!
Este trino ¡oh niño! interminable
que juzgas expresión de una ventura,

es el lamento desgarrado y triste
del que purga el delito imperdonable
de cantar libertad donde no existe.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "CABALGANDO POR EL VIENTO" (1983). EN BLANCO, Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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