LA NIÑA DEL PALMERAL

Dedicado a toda la juventud femenina de Elche.

La niña del palmeral
lleva clavada una pena,
lo van diciendo sus ojos
aunque lo calle su lengua.

La niña del palmeral.
rosa de carne morena,
lleva un dolor en el alma
que aunque lo oculta y lo niega,
lo van pregonando a voces
los lirios de sus ojeras.

La niña del palmeral
está, sin estar, enferma
y sufre como el naranjo
los males de la tristeza.

Ya no riega los rosales
ni carda la hierbabuena
ni corre por los bancales
regateando palmeras,
ni persigue laberintos
de libélulas viajeras.

¿Qué dolor siente en el alma
la niña de las palmeras
que está muriendo de inviernos
sin cruzar la primavera?.

Ya no se mira al espejo
del agua de la reguera
para peinar con sus dedos
la noche de su melena
ni cuelga en la rama verde
su risa cascabelera.

¿Por qué de silencios muere
la niña de las palmeras?.

Ni el médico, ni su madre,
ni las vecinas más viejas,
ni las amigas más íntimas
ni bálsamos ni consejas,
logran que la niña ría
y juegue con sus muñecas,
porque los males del alma
no los comprende la ciencia.

Pero yo sé lo que tiene
la niña de las palmeras
porque no hay males del alma
que no comprende el poeta:

Que cumplió catorce abriles
y ha entrado el sol en sus venas;
que el amor llamó a su pecho
y encontró la puerta abierta
y quedó de amor cautiva
como en su concha la perla;
que ha visto un mocito rubio
que anda rondando la verja
y desde lejos se miran
las noches de luna llena
para decirse a distancia
lo que no pueden de cerca;
que pasó de ser crisálida
a mariposa perfecta
y quiere vestir de nubes
las alas de su quimera.

¿Queréis que la niña sane?
¿Queréis que a sus ojos vuelva
la luz que dejó perdida
en el túnel de sus penas?.
¿Queréis que cante y que ría
y juegue con sus muñecas
y corra por los bancales
deshilando enredaderas?.

Pues escuchad el consejo
de la voz de la experiencia:

Dejad que el mocito rubio,
ese que ronda la verja,
encuentre de par en par
las hojas de la cancela;
dejad que se hablen a solas
a la luz de las estrellas
y que en silencio deshojen
las margaritas eternas;
dejad que el amor circule
entre los dos, vena a vena,
y que sueñen aventuras
de príncipes de novela;
dejad que junten sus labios
sedientos de savia nueva
y que conjuguen el verbo
Amar en todas sus letras.

Porque los males de amores,
esa enfermedad tan vieja
que aún no ha logrado entender
la medicina moderna,
sólo con amor se cura
sólo el amor lo remedia.

Que lo diga, si se atreve,
la niña de las palmeras.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "CABALGANDO POR EL VIENTO" (1983). EN BLANCO, Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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