BALADA DE LA VIRGEN Y EL RÍO

A la orillita del río
lava María el pañuelo,
en los espejos del agua
se bañan sus ojos negros.

Un ejército de juncos
con sus espadas al viento,
foirman la guadia de honor
alrededor de su pelo.

Con la espuma del jabón,
nube de algodón hirviendo,
teje ilusiones de encaje
en el telar de sus dedos.

Por la vereda del alba
huye el último lucero
y unas ranas mañaneras,
engendros de ovas y cieno,
afinan sus gaitas verdes
para remedar conciertos.

La Virgen lava que lava
pañales de fino lienzo,
el río suena que suena
sus cascabeles amenos
y en el lejano horizonte,
ósculo de tierra y cielo,
el sol naciente insinúa
sus redondeces de fuego.

Lava, Virgencita, lava,
que el río guarda el secreto
de tus íntimas virtudes
y el espléndido romero
está pidiendo pañales
para abanicar el viento.

Los grillos cesan a ráfagas
su palmotear de hélitros;
tiembla el rocío en las hojas
de los álamos señeros,
y el llanto de un niño baja
por el tobogán del viento.

¿Quién llora?, ¿quién se despierta pidiendo a voces sustento?.

En un establo cercano,
entre cendales de heno,
un niño recién nacido,
grano de trigo moreno,
está pidiendo a la madre
el manantial de sus pechos.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "CABALGANDO POR EL VIENTO" (1983). EN BLANCO, Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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