LA CANCIÓN DEL SOLITARIO

La soledad no consiste en estar sólo, sino en no saber comprenderse. No hay peor soledad que la soledad del rebaño.

Estoy sólo en la ventana
sentado sobre mi pena
pidiendo a la noche viuda
un rayo de luna nueva.

Estoy sólo en la ventana
a la luz de mis ideas
bordando ilusiones blancas
en bastidores de estrellas
y edificando castillos
sobre cimientos de arena.

Sólo por fuera y por dentro,
sólo por dentro y por fuera,
decididamente sólo
ante el altar de la reja
cuadriculando horizontes
de soledades diversas.

Soledad de marabunta
devorando las aceras;
soledad negra de asfalto
por donde rujen y vuelan
las cucarachas del ruido
que intoxican las arterias;

soledad abirragada
de células en cadena
que se atraen sin buscarse
y sin mirarse se increpan
y cuanto más se aproximan
más separados se encuentran.

¡Qué triste es la soledad
cuando se vive en colmena!.

Yo vivo mis soledades
en la unidad de mi pena
sin ruidos de marabunta
ni música de sirena,
con la placidez alada
de un estoico anacoreta.

Soledad de mis amores:
aquí me tienes en vela
saboreando en la sombra
frente a la noche morena,
un festival de silencio
y un beso de luna llena.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR" (1987), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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