LA MUSA DEL HAMBRE

Rodaba por la pendiente
de su indigencia enquistada
liberando leucocitos
y células anuladas.

Por el tablado del cielo
ilusoriamente danzan
bufones de salsa verde
y títeres de ensaimada.

La noche la besa, besa,
la brisa le canta, canta,
la luna bruñe su frente
con tintes de cera pálida
y el cierzo pone en sus labios
lirios de espuma morada.

Desde el túnel de su vientre,
casi bruma, casi nada,
una voz de pan caliente
con flecos de mermelada,
para calmar su abstinencia
le gritaba, le gritaba:

Corre, que el banquete espera,
corre, que el fuego se apaga,
corre, que aún llegas a tiempo,
antes de que apunte el alba,
de dar tu cuerpo a la tierra
para alimentar el alma.

A la mañana siguiente
cuando los gallos cantaban
y en los hogares bullían
vapores de carne ahumada,
durmió su risa de frío
en una tumba de escarcha.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR" (1987), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a LA MUSA DEL HAMBRE

  1. jinquer dijo:

    bonito, como camino que llega al alma.

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