ESTAMPA MANCHEGA


¡Oh, pino centenario, casi eterno,
resumen vertical de lo infinito
que levantas tu copa verdiforme
por encima del techo de los siglos!.

Atalaya de almenas vegetales
frente a mares de pámpanos y olivos,
motivo para un sueño de esmeraldas
en las tardes sonoras de los grillos.

¡Cuántos recuerdos traes a mi memoria
cuando te miro en pie junto al camino
rastreando tu sombra giratoria
con la solemne majestad de un rito!.

A tu sombra durmiendo mis abuelos
la siesta del trabajo y del olvido;
a tu abrigo mis padres descansaron
en las densas jornadas del estío.

Empecé a gatear en tus costados
con el ojo asombrado de los niños
cuando t´ya eras novio de las nubes
y yo apenas rozaba los tomillos.

Tú me enseñaste a mirar al cielo,
ese cielo manchego terso y limpio
que embriaga de sol las tardes calmas
cargadas de silencios campesinos.

Pero ya se han secado mis pupilas,
mi cabeza de nieve se ha teñido
mientras tú sigues verde como antaño
en tu severa condición de pino.

Tú gozarás inmensidad de espacios,
yo quedaré varado en el camino
estercolando la raíz perenne
que te ata a l argolla de los siglos,
porque tú eres quietud de eternidades
y yo un punto en el tiempo diluído.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR" (1987), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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