HIROSHIMA


Tripulando libélula de acero,
señor de la tormenta y del torrente,
por las pampas etéreas del Oriente
cabalga Joe, vengativo y fiero.

De pronto en su visor, ojo agorero,
se retrata el bullicio de la gente
y, abriendo del averno el grifo hirviente,
sembró la nada y respiró altanero.

Un sol de muerte rebotó en la cima,
una nube de sangre tiñó el viento,
pero no acabó el mundo en Hiroshima.

mientras quede a la tierra su corteza,
la vida dormirá por un momento
y otra vez a empezar, Naturaleza.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR" (1987), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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