EL ELEGIDO

Una limosna, humilde, le pedía
y una moneda deslizó en su mano
pensando que aquel óbolo liviano
las puertas de la gloria le abriría.

Hoy me siento piadoso –se decía
presumiendo de pródigo humano-;
sembrando de este modo, grano a grano,
tal vez alcance santidad un día.

Llevado de su místico desvelo
más y más su limosna fraccionaba
por subir más estadios hacia el cielo.

Pero aquel sembrador de vil semilla,
en su egoísmo ciego no pensaba
que no se compra a Dios con calderilla.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR" (1987), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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