CUANDO SE PONGA EL SOL

Prisionero de arroyos y de flores
quisiera reposar cuando me muera
en un lugar inhóspito cualquiera
donde sólo me velen ruiseñores.

Prodigar al silencio mis amores,
ser la muda oración de la pradera,
complemento nutriente de la higuera
y sombra sin perfiles delatores.

Conjugar en mi alivio tierra y viento
desde la paz serena de lo inerte
sin grises horizontes de cemento.

Ser del polvo luciérnaga encendida,
y gozar en la vida de la muerte
lo que no hallé en la muerte de la vida.

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Esta entrada fue publicada en Del libro: "SINFONÍA EN CLAVE DE AMOR" (1987), Poemas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

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